Los Cristeros



En el marco del Simposio internacional “Persecución religiosa en México”, organizado por el Ateneo Pontificio “Regina Apostolorum”, el P. Fidel González Fernández, MCCJ, catedrático de Historia de la Iglesia y consultor del Vaticano de la Congregación para las Causas de los Santos, afirmó que la historia de la Iglesia en México entre 1911 y 1940“fue tan acerba que el Papa Pío XI la comparó a la de los primeros siglos cristianos”.
La burguesía criolla americana (de raza blanca) del siglo XIX, que quería liberarse del poder de la Corona española y de la influencia de la Iglesia (para explotar sin ninguna cortapisa a los indígenas), se agrupó en diferentes logias masónicas locales controladas por la Masonería estadounidense, la cual buscaba penetrar en Hispanoamérica. De entre sus filas surgiría la casta dominante -autoritaria, explotadora, descreída y jacobina-. Como consecuencia de ello, empezaron a sucederse una serie de legislaciones anticatólicas, ante las que los indios y mestizos se resistieron, en defensa de esa misma fe de la que se supone, según algunos librepensadores y anticatólicos varios, que estaban deseando liberarse para volver a sus antiguos ritos paganos sangrientos.
Ya en pleno siglo XX, y muchos años después de la Revolución Mejicana, en 1926 el presidente del gobierno de México, Plutarco Elías Calles, masón reconocido y uno de los fundadores PRI (Partido Revolucionario Institucional), que promulgó la Constitución de Querétaro, en 1917 -que entre otras medidas anticlericales ignoraba jurídicamente a la Iglesia Católica-, se empeñó en descristianizar México para “modernizar” el país. Para lograrlo dio inicio a una terrible persecución contra la Iglesia Católica: entre otras cosas,suprimió el culto católico y prohibió las manifestaciones públicas de fe, prohibió el uso del traje talar -sotana- a los sacerdotes y religiosos, ordenó el cierre de las escuelas católicas y de los conventos, así como la expulsión de los sacerdotes extranjeros y la limitación del número de los sacerdotes a unos 300 para todo México.
Para defender su religión y libertad de culto, muchos campesinos y rancheros -hombres, mujeres y niños-, mayormente gente sencilla y sin entrenamiento militar, resistió empuñando las armas. Sin embargo, no todos los Cristeros formaron parte de la resistencia armada: hubo muchos mártires (algunos de ellos beatificados o canonizados por el Venerable Juan Pablo II), entre ellos sacerdotes, religiosos y católicos laicos, que fueron perseguidos y asesinados sin haber formado parte de la resistencia armada, sino sólo por su fe, en lo que se conoce como Odium Fidei” (odio a la fe). Uno de ellos fue el Beato Miguel Agustín Pro, S.I., más conocido como el Padre Pro. Las imágenes de su asesinato, difundidas por el propio gobierno mejicano de entonces, son bien conocidas en todo el mundo. En ellas se le ve con los brazos en cruz, con un rosario en una mano y un Crucifijo en la otra. Antes de ser disparado sólo exclamó:¡Viva Cristo Rey!”.
Ninguno de los mártires fue sometido a juicio alguno; ninguno fue condenado por crimen alguno demostrado, ninguno bajo la legalidad. El Ejército que apoyaba al gobierno comenzó a llamarles despectivamente Cristeros”, por llevar una cruz sobre el pecho y por gritar “Viva Cristo Rey” antes de ser fusilados.
Los Cristeros a quienes se hacía prisioneros eran fusilados. También se aplicaba la pena de muerte a quienes ayudaban a los rebeldes, e incluso a quienes bautizaban a sus hijos,  contraían matrimonio religioso, o asistían a las Misas clandestinas. Muchos civiles perecieron en matanzas colectivas, la tortura se practicaba sistemáticamente, no solo para obtener información, sino también para hacer abjurar de su fe a los católicos. Según Jean Meyer: Caminar con las plantas de los pies en carne viva, ser degollado, quemado, deshuesado, descuartizado vivo, colgado de los pulgares, estrangulado, electrocutado, quemado por partes con soplete, sometido a la tortura del potro, de los borceguíes, del embudo, de la cuerda, ser arrastrado por caballos… Todo esto era lo que esperaba a quienes caían en manos de los federales (La Cristiada, tomo III, págs. 251-252).
Fuentes:
http://catholicvs.blogspot.com/2011/04/los-cristeros-de-mejico-y-la-nueva.html
http://www.fluvium.org/textos/historia/his18.htm
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